Colonia Rastro Nómada
Ensayo
Por: Diana Leticia Nápoles
Hace unos meses leí una columna que hablaba sobre mudanzas, haciendo referencia a un texto de Florencia Gagliardi: ‘¿Cuántas veces tenemos que cambiar, incluso en los sueños, hasta encontrarnos del todo?’. Y anoté esa línea porque en parte me resonó.
Está por cumplirse un año de que me mudé por última vez. Antes de esa, tuve dos mudanzas muy cercanas, estaba agotada de echar mis cosas en cajas e irme de un sitio para desempacar en otro.
Aún me siento errante, pero quizá menos. Al menos ya va a cumplirse un año desde el último cambio de domicilio. Sé que nada permanece, seguramente en algún momento volveré a poner todo en cajas y mi existencia seguirá en movimiento de un sitio a otro.
La primera vez que pensé en mudarme de la casa de mis padres me puse a empacar mis libros, era abril de 2018. Incluso recuerdo cuando subí esta foto a Instagram, pero aún faltaban unos meses para hacerlo definitivo.
Conseguí unas cajas viejas, les puse cinta abajo para reforzarlas y empecé a guardarlos. No me cupieron en dos cajas pero no tenía más, aún faltaba mi ropa, uno que otro objeto de mis pertenencias —las cuales eran y siguen siendo pocas.
Cuando empacas observas esas pistas de quién has sido, de las experiencias que te han movido, de todo lo que te construyó y educó. Ves objetos que hace años no usas, ropa que ni siquiera sabías que aún tenías, artículos de ideas que se quedaron encaminadas o en la mera locura de querer ser.
Cada vez que empacaba me enojaba de tener tantas cosas inútiles, me deshacía de cuanto podía, además de prometer aligerar mi tránsito y el cúmulo de cosas que me ayudan a hacer lo que hago y a verme como me veo.
Aunque no me he movido de casa, definitivamente sigo en mudanza, cambiando, para bien y para mal, para orgullo y maleficio. Sigo persiguiendo ideas absurdas algunos días y empecinándome en objetivos nuevos durante otros.
Hace tiempo un amigo me dijo que estaba en mi etapa de inventada. Me dio risa y de repente me sentí como una adolescente cuya identidad comienza a inscribirse de alguna manera en su semblante, pero no es eso. Sí me invento, nos inventamos, somos otros a cada momento, de un día a otro.
He dejado de hacer algunas cosas con las que otros me identificaban. Vamos dejando memorias difusas en las percepciones de quienes nos siguen la pista, o de quienes se asoman a vernos y comparten con nosotros una que otra noche afuera de un bar.
No sé cuántas mudanzas le queden a mi 2021. Espero que las suficientes para dejarme estaqueada en mitad de la noche de año nuevo sintiendo que, aunque todo es distinto, aterricé en el lugar correcto, o si no, que al menos soy mi fan en un grado más alto que la anterior noche vieja (Noche Vieja para el escrúpulo de los puristas, aquí están sus mayúsculas buen hombre o mujer que lee).
Twitter: @diananapoles
*Escrito el 29 de agosto de 2021.