De diseñador a mimo y actor

Entrevista al mimo clown y actor lagunero Erón Vargas

Diana Nápoles
6 min readDec 29, 2016

Por: Diana Leticia Nápoles

En la primaria cantaba en el coro y participaba en los bailables. Erón Vargas, mimo, cuentacuentos, actor y “clown” lagunero, dice que después de que su hermano regresó a México de un viaje a Francia, donde pudo apreciar los más diversos espectáculos, le pidieron que montara un número teatral para un festival local, por lo que éste le pidió ayuda a Erón.

“Agarramos medias y maquillaje de mi mamá y dijimos: ‘Mira, tú le haces así, mientras yo hago ruiditos”. Así fue como crearon su primera función entre los dos, haciendo una mezcla con las experiencias de lo que el hermano de Erón había visto en Europa. “Nos salió muy bien y después nos invitaron a presentarla en otras partes”, recuerda.

Después, su hermano y él decidieron ir a presentarle su obra a José Luis Urdaibay, que era el titular del taller permanente de teatro en el Isauro Martínez. “Le mostramos la obra y dijo que estaba muy bien, pero nos la hizo garras”. Les comentó que le faltaba ritmo, diseño, ensayo y una serie de elementos del lenguaje escénico. Después, los invitó a acudir al teatro para volver a montar la pieza, acudiendo a los ensayos diarios. “Había puras niñas de ocho o nueve años, y nada más yo de treinta”.

Ése fue el primer taller de teatro y expresión corporal que Erón recibió. “Así empecé a estudiar esta disciplina”. En el teatro tomaba una clase de dos horas diarias. Además, continuaba los ensayos de manera personal en su casa. “Investigaba hasta dónde podía dar vuelta, cómo me podía mover más lento, cómo podía girar la cadera e iba integrando todo esto a mi trabajo”.

EL INICIO DEL CAMINO

Cuando Erón empezó sentía que ya estaba “grande”, y que no podía perder el tiempo haciendo otras cosas, por lo que se enfocaba mucho en el aprendizaje de la técnica.

Lo malo, dice Erón, fue que empezó a descuidar su trabajo. “Yo soy diseñador gráfico, me gradúe de la Ulsa”. El mimo, comenta que antes de enfocarse en el arte de la actuación, atendía un despacho de diseño en el que trabajaba para empresas y ayuntamientos.

Por ese tiempo, lo invitaron a hacer un “casting” para pertenecer a la Compañía Estatal de Teatro de Durango, y tuvo la oportunidad de trabajar con Ricardo Camacho, en la compañía teatral de La Laguna “Trotamundos”.

De ahí se fue a la Ciudad de Durango, donde estuvo en 2000 y 2001 haciendo teatro infantil. En este lugar realizó 120 representaciones de la obra “El pozo de los mil demonios”.

Anteriormente, Erón Vargas también había participado en las 120 representaciones de “Lázaro el buscador o el niño que devolvió las artes al mundo”, donde representó el papel del protagonista. “Fuimos a ejidos, llevábamos nuestra función a escuelas, y así fue como empecé a enfocarme más en esto”. Erón narra cómo -a raíz de que le dedicaba cada vez más tiempo al teatro- le prestaba cada vez menos atención a las otras facetas de su vida.

ENTRE SUS PERSONAJES

Además, en ese tiempo, lo invitaron a ser la botarga de pollo del equipo de beisbol Unión Laguna (antes de que cambiara su nombre a Vaqueros Laguna). “Yo no quería porque acababa de estar en la compañía estatal de teatro, ¿cómo iba a andar adentro de un pollo?, pero tenía necesidad”.

Así fue como Erón se convirtió en el pollo del beisbol. En ese trabajo siguió montando “sketchs”, que actuaba acompañado de algunos elementos de montaje como sonidos y música. El actor cuenta que mientras trabajaba en esto, le ofrecieron ser el guerrerito del Santos.

“En 2003 hubo una fiesta a la que me invitaron para que fuera como mimo con las fuerzas de reservas, y cuando vieron mi actuación me dijeron que si quería ser el guerrerito”. A partir de 2004, Erón se puso la botarga oficial del Santos. “En febrero voy a cumplir diez años como guerrerito”.

Cuando Erón cumplió 35 años, se dio cuenta de que ya no podía ser diseñador, el pollo del beisbol, estudiante de teatro, padre y además ayudante en el negocio familiar. Entonces, decidió renunciar a su despacho como diseñador.

“Tenía dos hijos. Entonces, agarré una hoja y puse información de lo que sabía hacer, dibujé un monito y le saqué 200 copias. Así, me iba a las empresas en bicicleta y entregaba mis volantes en las oficinas de recursos humanos, diciéndoles que era mimo y actuaba en eventos”.

VIVIR DE LA ACTUACIÓN

El mimo dice que recorrió zapaterías, colegios, empresas y ferreterías con sus volantes. “Un día, me di cuenta de que realmente mi trabajo era buscar trabajo. No tenía dinero, pero sí muchas responsabilidades en la casa y con mis hijos. Le ponía mucho gorro a mi mamá. A pesar de todo, estaba muy contento porque hacía lo que me gustaba”.

Su familia le decía que se pusiera a trabajar, que hiciera algo “de veras”, que dejara sus sueños guajiros y no se anduviera con payasadas porque ya tenía hijos. A lo que él respondía: “No, yo quiero ser esto”.

Entonces, recibió su primera contratación de parte de un colegio, y en una tarjeta escribió: “Aquí nace Erón otra vez, 23 de octubre, primera vez que me contratan”.

Sin embargo, durante el primer año solamente lo contrataron tres veces, y tuvo que seguir pidiéndole apoyo a sus padres, pero para el tercer año ya podía hacerse cargo de sus propios gastos y los de su familia.

“Me salvó el Santos y el ‘beis’, que era lo que me hacía feliz a pesar de que ganara poquito”. Su familia le recriminaba que eso de ‘andar de pollo’ no era un trabajo formal, pero Erón se aferraba cada vez más a sus ideas, a pesar de que muchos le decían: “¿Qué andas haciendo adentro de un mono si tú eres licenciado?”.

Sin embargo, continuó trabajando como mimo y al cuarto año comenzó a ahorrar. Al mismo tiempo, seguía entrenando. “Conocí a Miguel Ángel García, que buscaba a alguien que le diera clases de pantomima”. Él se ofreció a enseñarlo y empezó a trabajar con él en un taller de creatividad, donde representaba algunos temas con pantomima.

UN LENGUAJE PROPIO

También, estuvo trabajando con los Centros de Integración Juvenil, donde abordaba problemáticas sociales a través de mimodramas y otras herramientas del teatro. “Después, me pidieron que hiciera un trabajo sobre seguridad, y empecé a trabajar como consultor y a dar conferencias en la UA de C. Lo que yo hago son metáforas, pero en lugar de ser escritas, son corporales. Yo hablo con el cuerpo y creo que eso conecta más con las personas”.

Unos años después, Erón viajó a Europa. Trabajó en París, Madrid e Innsbruck. “Compré sombreros, vestuarios, máscaras, gorros y silbatos extraños. Yo creía que era muy bueno, pero la visión estética de Europa es muy diferente. Entonces, tuve que cambiar mi manera de trabajar”.

El actor considera a la pantomima como un método de aprendizaje alterno. “Yo le puse ‘pedagomímica’, por la mezcla de disciplinas que implica. He trabajado con las fuerzas básicas del Santos, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el Teatro Isauro, el Nazas, entre otros”.

El mimo y “clown” acaba de presentar su obra “La pelota cuadrada” en Saltillo. Y hace poco participó en un Encuentro Internacional de Narración Oral en Zacatecas. “Esto es de estar aprendiendo siempre. Entre mis planes está salir del país a presentar mi trabajo en otros lugares. No puedes decir que eres bueno y que haces reír a la gente, porque esa es una zona de confort. Lo que tienes que hacer es leer, prepararte, tomar talleres, entrenar”, recalca.

TRAYECTORIA

Sus más recientes trabajos frente a las cámaras han sido los personajes protagónicos de los cortometrajes laguneros “El devorador de corazones” y “Lagañas de perro”.

Erón es cuentacuentos en el Museo Regional de La Laguna y en la librería Gandhi. Su siguiente proyecto es adaptar y montar algunas obras de Samuel Beckett.

Entre los personajes laguneros que más influencia han tenido en él, están Salvador Salas, Miguel Ángel García, José Luis Urdaibay y Ricardo Camacho.

SOBRE ERÓN VARGAS

⇒ ¿Qué estás leyendo? Dieta de la Zona, de Barry Sears.

⇒ ¿Qué sabes cocinar? “Filete de pescado con espinacas, empapelado, cuando tienes todo, lo tapas y lo pones a cocer”.

⇒ ¿Pasatiempo favorito? “Diariamente corro cuatro kilómetros por las mañanas, también leo, atiendo la casa y visito a mis padres”.

Twitter: @diananapoles

Texto publicado en la sección Cultura del periódico El Siglo de Torreón el 16 de diciembre de 2013.

Enlace a publicación: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/943568.html

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Diana Nápoles
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Written by Diana Nápoles

Comunicóloga, lectora y cronista en entrenamiento

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