El llanto del desierto
Una tradición oral anclada al desierto
Por: Diana Leticia Nápoles
Cuando el desierto calla, el llanto del cardenche llena de vida el silencio. Una tradición oral que tiene ecos desde inicios del siglo XX. Un grupo de juglares laguneros tienen la encomienda de transmitir a las nuevas generaciones el canto que sus padres les heredaron; el cardenche, una tradición musical lagunera, que ahora tiene una promesa que cumplir: buscar a los sucesores.
El canto cardenche es un estilo vocal que se ha resistido a desfallecer. Pertenece a Sapioriz, una locación del municipio de Lerdo, Durango. Allá viven cuatro hombres que han soportado los embates del tiempo para perpetuar el sello de su identidad cultural.
Les dicen Fidel, Toño, Lupe y Genaro, pero sus nombres de pila son Fidel Elizalde, Antonio Valles, Guadalupe Salazar y Genaro Chavarría. Anteriormente, éste último también formaba parte del grupo, pero por razones de salud ha tenido que abandonar las presentaciones.
En febrero de 2013, Genaro recibió un homenaje en el Teatro Centauro de Lerdo. Él dice que hace mucho que dejó de cantar con los cardencheros. “Ahora que empecé a estar ciego, no salgo de noche”. Dice que los «viejos» conocieron a los cardencheros actuales de chiquillos. “Yo agarré el canto de un trancazo. Me aventé cerca de veinte años como cardenchero”.
Don Genaro dice que él y su hermano fueron los primeros. “Los dos cantábamos. Éramos Genaro Chavarría, que es mi hermano, el papá de Fidel, Fidel y yo. Nada más que debido a mi trabajo yo no le seguí en esta cosa”, dice Aniceto Chavarría, hermano de Genaro, quien no se ha presentado con ellos, pero conoce el canto.
Genaro comenta que todos los cardencheros viejos ya se acabaron; Regino Ponce, Algarabía Valle, su padrino Andrés, Pablo García, fueron los cardencheros que ellos escuchaban. “Tenía 25 años cuando decidí que quería cantar cardenche. Mi papá no era muy bueno para la cantada, pero aprendí de los señores que se acabaron, ellos se juntaban en la noche”.
Por su parte, Aniceto Chavarría, dice que él no continuó a causa de su trabajo. Él labora en La Pequeña, una propiedad cercana. “Usted sabe que un patrón le da permiso para faltar unos dos o tres días, pero más ya no”. Ginio, el sobrino de Genaro y Aniceto Chavarría, forma parte de la nueva generación de muchachos que están aprendiendo cardenche. “Él es el que anda en eso, pero falta le todavía ensayo”.
“Y sus hijos don Genaro, ¿ellos no aprendieron?”. El hombre responde que no, que sus hijos viven en Ciudad Juárez, y el que vive en Sapioriz no quiso entrarle por su trabajo. “Yo le seguí porque mi yerno me daba chanza, me decía: ‘Vaya, usted vaya’, yo trabajaba en el empaque. Ése fue el modo en que pude aprender el canto”, dice Genaro con la voz cuarteada.
Cuando cantaba, dice, sentía un gusto «rebonito». “Todavía cuando viajé a Nueva York me sentía muy contento”. Don Genaro insiste en que ya no puede ver en la oscuridad y necesita que alguien lo lleve de la mano, por esa razón no acude a los ensayos de los muchachos. “Ya me dejé. Ahorita ya no los acompaño”, confiesa.
Pero cuando inició, la historia se contaba distinto. “Al pie de un árbol”, es la canción que más le gusta, pues fue la que le cantó al presidente en el Palacio Federal. “¿Y qué le dijo el presidente?”. “Nada, que muchas gracias, que esto y lo otro”. Genaro recuerda que esa vez regresaron bien cargados, y que incluso tuvo oportunidad de llevar a su señora. “Nunca habíamos estado con un presidente, y llegamos con Felipe Calderón”. Él, como cualquier otro habitante de esta localidad, escucha “las canciones que salen en la radio, en la grabadora, de todo, ya no me queda más”.
Al hablar sobre sus premios, reconocimientos y demás distinciones, dice que ahí los tiene. “Tenemos mucho, de cuando anduvimos en el «otro lado». Todavía no los he sacado, ahí están alzados. Nomás el librote grande se fue pa’ Juárez, allá con mi hijo”.
LA PRIMERA VEZ
Pero Genaro no es el único integrante del grupo que no logró convencer a ninguno de sus hijos para que continuaran con su encomienda. Los otros tres cardencheros tampoco pudieron persuadir a los suyos. Fidel dice que sus hijos no tienen sentido musical. “Quién sabe quién sería el papá de ellos. Yo sí traté de inculcarles la tradición, pero imagínese, si los oía chiflar acompañando la radio o el estéreo, les decía: ‘No, mejor cállate hijo’, están muy destanteados. Estas mujeres (sus madres), se han de haber puesto de acuerdo”.
Recuerdan que en una entrevista en la que le preguntaron a Lupe si sus hijos sabían cantar, él les respondió: “No, no saben ni chiflar”. Al respecto, Fidel agrega: “Yo qué quisiera. Fíjese, aun al saber en dónde andamos y que Dios nos ha ayudado, no; nosotros vivimos desahogadamente gracias a esto”.
“Y a usted Fidel, ¿cómo lo convenció su papá?”. Fidel se queda pensativo un rato, mira a la calle y responde que él siente que esto ya lo traía. “Mis padres cantaban en las madrugadas; en ese tiempo no había radio, estéreo ni luz eléctrica, entonces ellos entonaban cantos cardenches de noche. Yo tenía unos siete u ocho años y desde mi cuartito los escuchaba; me gustaba”.
Comenta que a veces su papá tomaba y se salía, además de que había un pinabete grande en el patio y allí se juntaban varios compañeros de él, a quienes también les gustaba cantar, “y como les gustaba echarse sus traguitos, allí los escuchaba. Pienso que yo tenía sentido musical, porque el canto tiene sus subidas y bajadas, y a mí me daba mucho gusto escucharlo”.
Y así fue como crecieron; Fidel dice que él junto con Toño empezó a «agarrar la tetera» (a tomar). “Él y yo nos echábamos unos tragos y era cuando nos poníamos a cantar, pero más bien eran canciones de nuestra época; canción ranchera, de Vicente Fernández, o bolero, entonces los señores nos decían: ‘Ustedes cantan bonito, ¿por qué no cantan cardenche?’, y fue de modo que empezamos a aprendérnoslas. Hasta que una noche que estábamos cantando en una esquina, le dije a Toño: ‘Vamos a cantar una de cardenche’. Aún no habíamos acabado cuando un señor, don José Martín, salió de su casa en puro calzón de manta, de ese que se usaba antes hasta la cintura, y llegó a decirnos: ‘¿Ustedes son los que están cantando cardenche? Qué bonito se oye, no puedo dormir de estarlos oyendo, sigan cantando, les salen muy bien’, y ya después en cada borrachera, «voladotes» por lo que habían dicho, nos poníamos a cantar”.
Fidel relata que después, su padre comenzó a sentirse enfermo, y le decía: “Hijo, ustedes sigan cantando”. Luego, la Unidad Regional de Culturas Populares e Indígenas de Durango, conoció a los cardencheros. “El primero que vino a Sapioriz a descubrir esto fue Arturo Orona, un político de Torreón. Él venía con mi papá y le decía que le cantara”.
Por ese tiempo, Fidel se le «pegaba» a su papá, para salir a cantar. “Luego, sus compañeros empezaron a fallar y él me pedía que lo acompañara porque nos invitaban a algún lugar. Yo le decía que me daba vergüenza, que una cosa era cantar aquí, y otra en público”.
La primera vez que cantó ante otras personas con su padre fue en un restaurante llamado Los Sauces, en Torreón. “Nos llevó Arturo Orona, yo todavía estaba chavo. Me acuerdo que subimos al escenario, donde habían puesto la mesa con una botellita y una copa para cada uno. Estaba que no me paraban las patas, nervioso, con miedo. Mi papá me dijo: ‘Tómese un traguito para los nervios’; pero no me hubiera dicho, porque de ahí en adelante siempre me echaba un trago”.
Fidel dice que siempre han tenido experiencias muy gratas con la gente que aprecia el canto. “Hemos tenido satisfacciones que ni en sueños pensamos llegar a tener, nunca nos imaginamos andar pisando París, Washington, Nueva York, Las Cruces, San Antonio.
También hemos ido al Festival Cumbre Tajín por cuatro años consecutivos”.
UN DÍA DE LA VIDA COTIDIANA
“No, pues yo trabajo en una Pequeña. Llevo dieciséis años laborando ahí, nomás que al principio tenía problemas con el mayordomo, no con el patrón, porque no quería darme chanza de salir cuando nos invitaban a cantar en las primeras presentaciones. A veces acompañaba a mi papá y a los cardencheros viejos”.
Don Fidel dice que a pesar de que le explicaba al mayordomo de su compromiso con esta tradición, y le pedía que le diera una salida, él le contestaba: “No, pues yo no sé, las salidas usted se las da, yo no puedo darle tiempo”. Entonces, Fidel habló con el patrón, diciéndole que tenía problemas para los permisos con Aarón, el mayordomo, agregando: “Es que yo, le voy a decir licenciado, yo hice un compromiso con mi padre. Ellos salen a cantar por ahí y yo me quedé con esa responsabilidad, y quiero que usted me dé permiso”.
Entonces, el patrón le contestó: “¿Qué es lo que cantan?”. Y Fidel le explicó que era un canto tradicional. A lo que el otro replicó: “No me diga que usted es cardenchero”. “Sí, licenciado, yo canto cardenche”. “No, «maistro». Ni sabe lo que anda haciendo, no no, usted no deje eso, mire, de aquí en adelante no ande pidiendo permiso, nada más avísele al mayordomo: ‘Voy a salir’, no le diga que quiere que le dé chance. Nada más dígale que va a salir dos, tres o cuatro días, los que dure”. “No, pues muchas gracias, licenciado”. “No, no deje esa tradición tan bonita «maistro»”. Y así fue como se acabó el problema. “Ahorita, he durado pasadito del mes que no me presento porque salimos de gira”.
En La Pequeña, don Fidel se encarga de darle mantenimiento a la obra, “yo saco los tubos que están pudriéndose. O, por ejemplo, si las vacas rompieron una sombra, yo la levanto de nuevo; cuando los comederos se están cayendo, nosotros vamos a arreglarlos; ya me pensioné ahí con ellos y de todos modos me siguen dando trabajo. Me tienen mucha consideración y ahí andamos, echándole ganas”.
LAS NUEVAS GENERACIONES
Gerardo Iván García Colmenero, quien trabaja en la Unidad Regional de Culturas Populares e Indígenas, dice que tanto los muchachos que están interesados en aprender esta tradición, como los señores cardencheros reciben una beca como estímulo. El apoyo a los cuatro maestros tiene asignado un monto mensual de diez mil pesos, mientras que el estímulo a los aprendices es de seis mil 800 pesos al mes; ambas cantidades se reparten entre todos los involucrados.
La primera edición del taller llamado “Una nueva generación en el canto cardenche”, se llevó a cabo durante el segundo semestre de 2012. Para la edición de 2013, la duración del curso se redujo a cuatro meses, de septiembre a diciembre. La primera parte consiste en identificar las voces de cada alumno, además de enseñarles las primeras canciones. “Los que se salieron fue porque no tenían la voz, y se fueron desmotivando, pero la mayoría se quedó. Los de la primera generación ya cantaron en la Ciudad de Durango, en Lerdo, Torreón y Peñón Blanco; ellos tienen alrededor de treinta años de edad. El más chico era Noel, de veinte”.
El taller consta de 48 sesiones, durante las cuales los participantes deben conocer la historia del canto, teoría musical, aprender las letras de las canciones y de los alabados. A diferencia de la primera generación, los integrantes de la nueva, que todavía están en formación, son más jóvenes, ya que la mayoría tiene cerca de veinte años. “Ellos han batallado un poquito más, pero están muy motivados, y tienen claro que quieren rescatar sus tradiciones, eso los impulsa a reunirse y participar”, dice Gerardo.
El objetivo general es la transmisión de la canción cardenche a través de un taller dirigido a los jóvenes vecinos de Sapioriz, para mantener sus tradiciones musicales, es decir, enseñarle la expresión cultural a las nuevas generaciones. Es una acción que la UNESCO define como un elemento para la salvaguardia de cualquier expresión cultural.
“En este caso, los cardencheros son personas mayores, y ellos siempre han dicho que no quieren que este canto se pierda, que quieren heredarlo como sus padres hicieron con ellos. Siempre han estado muy dispuestos a enseñarles a quienes quieran aprender”.
Desde su perspectiva, Gerardo dice que el taller ha resultado un éxito en comparación con cursos anteriores, debido a que se está trabajando con alumnos originarios de Sapioriz, ya que son personas que se conocen entre ellas, incluso, menciona que algunas son familiares o amigos de los señores. “Creo que esto ha dado resultado porque ellos sienten que el canto les pertenece, que es su patrimonio; además, al darse cuenta de que los señores son reconocidos, tanto a nivel nacional como internacional, se motivan mucho”.
Gerardo piensa que como el cardenche tiene otro tipo de melodía no ha podido llegar a todos los públicos, sobre todo a quienes no tienen antecedentes de este canto. “La verdad estoy sorprendido de lo entusiasmados que están los muchachos del taller”.
El funcionario comenta que antes de que iniciara el taller, varios chavos ya tenían la intención de aprender cardenche. “Lo que pedían era que nosotros le diéramos un carácter más formal, porque ellos estaban muy dispersos. El proyecto los unió, ahora son más amigos, ser van al río a cantar y suben las fotos a Facebook”.
¿CÓMO SE REUNIÓ EL GRUPO?
El titular de la Unidad Regional de Culturas Populares e Indígenas, dice que con la ayuda de los señores, ellos lograron identificar a algunos jóvenes que estaban interesados en aprender. Después, los que ya estaban fueron invitando a más personas. “Los señores han sido el apoyo fundamental. Los muchachos los conocen y a su vez ellos han ido invitando a más personas”.
También destacó el apoyo que los medios de comunicación les han brindado, ya que es importante que los nuevos herederos de esta tradición oral se den cuenta del valor que los medios le otorgan a su trabajo, “porque muchas veces pasa que no eres profeta en tu tierra. Los señores nos han platicado que hay jóvenes que hacen expresiones peyorativas de ellos. Les dicen ‘los viejitos que cantan, los borrachitos’, porque como son de ahí mismo, de Sapioriz, no saben, lo ven como algo muy común y ésta una expresión cultural que data del siglo XX, la cual surgió entre las personas que trabajaban en la labor, y que no tenían más con qué cantar que su propia voz. Esos hombres y mujeres, se iban a los mezquites o a los basureros donde se juntaba la cosecha que ya no servía, y cantaban mientras bebían sotol o tequilas”.
A pesar de que los autores de las canciones son desconocidos, las melodías y las letras han podido llegar hasta nuestros días, aunque no existe un registro de la melodía como tal. “En el taller nosotros les otorgamos material, CD’s y el cancionero. Además, los muchachos bajan las canciones al celular, y ahí la traen para poder escucharlas”.
Respecto a la nueva generación, don Fidel explica que desgraciadamente los jóvenes batallan mucho porque trabajan. “Es que mire, ensayábamos los miércoles y sábados. El miércoles es a las ocho de la noche, porque ellos llegan en el autobús de las siete, trabajan en maquilas de Gómez Palacio y Torreón, entonces, llegan como a las siete y se presentaban ahí alrededor de las 7:30. Ensayamos de 7:30 a 9:00 de la noche”.
El cardenchero puntualiza que los sábados se reúnen a las cinco de la tarde, porque ése día los muchachos llegan a buena hora. “No crea, siempre hemos batallado con los chamacos. Los que salieron después de nosotros, la nueva generación, ellos ya cantaron en Durango. Son los más grandes. También estuvieron en el Festival Desiertos Sonoros en la Alameda de Torreón, después fueron a Peñoles, Peñón Blanco, y por último a Lerdo”.
Los cardencheros dicen que les ven mucho interés y confían en que sean los sucesores que están buscando. “Yo creo que ellos son los que van a quedarse en nuestro lugar el día que ya no podamos, porque le han puesto empeño; creemos que esto va a continuar, que el canto va a seguirse llevando a las nuevas generaciones. Ésa es nuestra meta”.
Don Fidel insiste en que se trata de un legado que les dejaron sus padres, y que ellos se echaron a cuestas el compromiso de seguir sus pasos mientras hubiera quién los invitara a cantar. “Nosotros somos campesinos, trabajamos la tierra y dejamos de hacer el trabajo en la labor con tal de ir a cumplir. Ahorita sembramos casi puro forraje, alfalfa, maíz y uno que otro pedacito de chilar. Pero siempre hemos dicho que cuantas veces nos inviten, nosotros estaremos puestos”.
Don Lupe, otro emblema de esta tradición, explica que actualmente están enseñándole el canto a siete chavos. Cuatro ya lo conocen y pertenecen a la primera generación. Uno de los señores menciona que los otros todavía no se animan a cantar en público, porque tienen miedo y están como rejegos, en proceso de aprendizaje. “Batallamos mucho, porque mire, a los que les gusta, les falta sentido musical. Y hay unos que sabemos que son buenos para cantar y no quieren. Dicen: ‘No, es que no puedo, es que sin música no’. Entonces nosotros les decimos: ‘Pero, ¿para qué quieres música?’”.
Los cardencheros dicen que ellos empezaron sin música, “con pena o con lo que usted quiera, y poco a poco fuimos viendo las presentaciones, las entrevistas, los reconocimientos y pues ya, ahora nosotros los incitamos a ellos a que continúen con esto. Les decimos: ‘Si ustedes vieran cómo se prende la gente cuando escucha estos cantos’”.
Los señores cardencheros cuentan que, en ocasiones, llegaban con temor a las presentaciones, “nada más cantábamos la primera y se nos acababa el temor, porque veíamos la motivación de la gente, cómo nos aplaudían y cómo les gusta este canto”. También recuerdan que en algunos conciertos de la Ciudad de México, tenían que salir hasta dos veces al escenario después de que terminaban su presentación, porque el público se los pedía “y todo sin música. Hay gente a la que le gusta mucho esto, y esa gente es la que nos invita. Todo eso nos motiva mucho a continuar con esta tradición”.
DE TODO UN POCO
Pero los cardencheros también escuchan otra tipo de música, no se vaya a creer que carecen de apreciación musical. Don Fidel dice que le gustan mucho las norteñas, las canciones de Polo Urias, Vicente Fernández y el mariachi. “Mi papá nos hizo un diario y ahí me apuntó las canciones. Mal escritas, porque ellos no tuvieron escuela. Con ese diario nosotros empezamos y después ya se creó el cancionero”.
Los señores dicen tener un repertorio de 46 canciones. “La mitad se perdió porque los cardencheros más viejos se llevaron la melodía; se acabaron y pues ya, nada más eso alcanzamos a aprender. Pensamos que esta nueva generación tiene más facilidad de aprendizaje por los celulares, porque graban la melodía, y sobre ella van entonando con el cancionero. Nosotros no, era de puro ensaye y ensaye, es decir, de memoria”.
LA PROMESA DEL MUSEO
En 2009, los cardencheros recibieron el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Durante su visita a la Ciudad de México, los señores plantearon ante el presidente de México su añoranza de contar con un local que pudiera servirles como museo y centro cultural, ya que poseen una gran cantidad de reconocimientos, diplomas, medallas, libros, así como otros objetos de gran valor para ellos.
“Lo del museo quedó en puras promesas, no se hizo nada. Felipe Calderón ya se fue, también Ismael Hernández Deras, y entró este otro, Jorge Herrera. También estuvimos en un evento con él cuando anduvo en campaña y nos prometió lo mismo, pero no ha quedado en nada. Algunas personas nos dicen que tal vez ha faltado que nosotros pongamos más empeño en pedir el local, pero a veces no hay tiempo, tenemos que cumplir en nuestro trabajo, y luego las salidas y eso, entonces no nos queda chance de andarnos moviendo”.
También comentan que recientemente recibieron la visita de una persona de la Casa de la Cultura de Gómez Palacio, quien les dijo que hablaría con los presidentes municipales de Gómez Palacio y Lerdo, para ver si sería posible que se concretara el asunto del local. “Nosotros ya conseguimos el terreno y ellos vinieron a verlo. El asunto es que hay que hablar, porque falta el recurso para la construcción”.
Por ahora, los integrantes del taller ensayan en la casa de Fidel o de Toño Valles. “Cuando venimos a casa de Toño es porque, como él es el mayor, seguido anda con los bronquios «jalados». Y le decimos: ‘Cuídese’, porque si se acaba él, después vamos a batallar con otro”.
Los tres llevan veintitantos años juntos y dicen que están muy hallados. “Nos hemos fijado que en los conjuntos, cuando falta el mero vocalista, a veces entra otro y ya no es lo mismo, por eso le decimos a Toño que se cuide”.
LOS ENSAYOS
Los cardencheros narran que primero llegan y platican un ratito. Después, seleccionan a algunos muchachos y los ponen a cantar en grupos. “Vamos tratando de que las voces más naturales se acoplen, y así ellos se ponen a entonar. Les decimos: ‘Ya te desafinaste’, siempre les encargamos mucho la afinación. Cuando uno canta desafinado se oye muy mal. Gracias a Dios cuando los muchachos se presentaron en Durango cantaron muy bonito. En la primera canción empezaron un poquillo mal, era la «primeritíta» vez que cantaban en público y estaban muy nerviosos, como que no querían soltar la voz. Pero ya las otras les salieron muy bonitas, les aplaudieron mucho. Al final sí pudieron acomodarse”.
LA FAVORITA
Los cardencheros dicen que hay una canción que les gusta mucho. La aprendieron hace poco de la mamá de Fidel, “viera cómo nos gusta a todos. Se llama ‘Pobre de mí cuando la redonda luna’. Se la aprendimos a mi mamá un día que estaba entonando. Ella todavía vive, pero como le pegó el Alzheimer ya no carbura bien, aunque en esos días todavía cantaba con una tía”.
Cuando Fidel le preguntó por esa canción, su madre le preguntó si no la tenían en el libro, a lo que ellos respondieron que no. “La hice que me la cantara unas dos o tres veces y empecé a acompañarla; luego, se la pasé a Toño, le dije: ‘Hay una canción que se sabe mi mamá así y así’. Y nos pusimos a sacarla”.
La primera vez que la cantaron fue en el Festival Cumbre Tajín, en Veracruz, y desde entonces la han seguido incluyendo en todas sus presentaciones.
¿QUÉ SIENTEN AL CANTAR?
Con frases que dicen: “Me da mucho gusto, me siento muy contento”, los cardencheros describen su sentir mientras interpretan este canto. Los señores hacen mucho hincapié en la promesa que heredaron de sus padres: “Que no se vaya a perder esto, hijo, lleven el canto a las nueva generaciones; usted, Toño y Lupe, cantan muy bien, no vayan a dejar esto. Con el tiempo esto va a trascender, la gente los va a buscar”.
Don Fidel dice que lleva grabadas en la memoria aquellas palabras, que fueron como una profecía. “Él sabía que esto iba a suceder. Yo no me canso de darle gracias a Dios por el premio que sacamos a nivel nacional, pues fue el trampolín que nos llevó al escenario internacional”.
¿OTROS CARDENCHEROS?
Hace tiempo, los cardencheros estuvieron en un lugar llamado Capomo, Sinaloa. Es una comunidad indígena, que está ubicada junto al municipio de El Fuerte, “un ranchito más chico que Sapioriz”. Ahí, los señores encontraron a otros «cardencheros» que entonaban sus cantos en otro dialecto. “Eran las mismas tres voces acompañadas, con la misma entonación, y a capela también”.
Fidel recuerda que les hicieron un gran recibimiento, “yo ahí lloré, se me rodaron las de caimán, porque nos hicieron un recibimiento inmerecido. Nos llevaron a una iglesia y el padre estuvo santiguándonos ahí afuera, mientras una danza bailaba a nuestro alrededor. Todo un ritual de bienvenida, muy bonito”.
También explican que desgraciadamente no establecieron mucha comunicación con los señores de Sinaloa, porque ellos hablaban otro dialecto, “y es gente muy así, como muy reservada y apartada”. Al hablar sobre otros grupos que cantan algo parecido al cardenche, los señores recuerdan a los extintos de la Flor de Jimulco, en Coahuila, donde se cantaba el corrido «acardenchado». “Canción no cantaban, ellos casi puro corrido. Pero se murieron los meros cardencheros y los hijos están como los de nosotros, no quisieron”.
NUEVAS PROMESAS
Noel Rodelo Salazar, acaba de cumplir veinte años. A los diecinueve empezó a aprender cardenche. “Hace tres años me invitaron a participar en la pastorela. Les dije que sí. Por ese tiempo conocimos a los de Culturas Populares de Lerdo, y ellos nos preguntaron si quería aprender cardenche, ya que planeaban abrir un taller. Entonces, acepté, y así fue como empecé”.
El joven puntualiza que él junto con otros compañeros fueron los primeros en acercarse. “De hecho yo fui el más chico de esa generación. Yo soy la voz de arrastre, o marrana. Guadalupe Salazar, uno de los cardencheros, es mi tío por parte de mi papá. Me extendieron la invitación y dije: ‘Pues vamos a entrarle’, y así seguimos en esto”.
Menciona que al principio le parecía difícil porque no conocía el canto. Dice que entraba con miedo a las evaluaciones, ya que anteriormente Rosalba y Elena, funcionarias de la Unidad Regional de Culturas Populares e Indígenas, les hacían exámenes para ver los avances. “Nos ponían a cantar por individual a cada uno. Cuando ellas venían sí te daba miedo porque no sabías si ibas a dar la voz o no”.
Noel dice que conforme pasó el tiempo, los miembros del taller fueron agarrando confianza, además de que las voces se fueron acoplando. “El año pasado nos invitaron al Festival Internacional Revueltas, fue la primera presentación que tuvimos en público”.
El joven confiesa que llegaron con mucha pena al Teatro Victoria, donde un gran público estaba congregado. “En la primera canción empezamos muy nerviosos, desentonados, pero conforme el concierto iba avanzando nos fuimos relajando, luego sentíamos la canción, y lo demás ya se iba solo”.
Al preguntarle si se ve como cardenchero a futuro, Noel dice que no sabe. “No te puedo decir si sí, o si no, porque ahorita estoy estudiando ingeniería en logística; voy a ingresar a séptimo semestre. Yo tomé la cultura como un hobby, es decir, me gusta y por eso lo hago”.
El integrante de la primera generación del taller de cardenche, dice que tomó esta actividad como un hobby para ocupar su tiempo. “Yo no me veo a futuro presentándome como los señores, que cuando les dicen: ‘Saben qué vamos a salir tal día a tal parte y vámonos’, ellos están dispuestos. Yo creo que a lo mejor no, porque yo quiero trabajar de mi carrera”.
Noel dice que los señores le comentan que ellos también tienen su trabajo. “Nosotros no podemos dejar esto porque nos lo heredaron y quieren que continuemos, pero yo digo que a lo mejor yo no, porque hasta ahorita mi prioridad es acabar la carrera, trabajar, desenvolverme en lo que hago y seguir adelante. Soy el más grande de mi familia, y de los únicos que va estudiando”.
Por su parte, José Francisco Rodelo Rubio, primo de Noel, tiene dieciocho años y hace cuatro meses que ingresó al taller, él hace la voz primera. Su interés surgió gracias a la invitación de algunos de sus compañeros. “Aparte yo ya oía cardenche desde antes y me llamaba la atención”. José dice que el taller sí está chido. “¿Te ves como cardenchero a futuro?”. “Es que yo trabajo, no estudio, terminé la secundaria y empecé a trabajar en un invernadero de tomate. Mi tiempo libre se lo dedico al taller”.
Su canción favorita es “A las dos de la mañana”, porque fue la primera que se aprendió. Él sí se visualiza como un cardenchero comprometido con la causa. “A mis compañeros del taller los veo muy centrados también, porque les gusta, no por otra cosa”.
Al preguntarle sobre qué significa este canto para él, dice que la letra es lo que le resulta más significativo. “Mucha gente dice: ‘Cantan «refeo»’, pero escuchando la letra sí se crea un entendimiento, pues ’ta bonito el cardenche”.
José dice que todos los días ensayan. “Somos como seis. Todos van”. Ellos aún no han tenido una presentación en público. “ De repente el maestro Fidel me regaña, me dice: ‘Mira muchacho, cántale así, baja tu voz, porque a veces la subes, y el que va arriba de ti la sube también, y no se oye bien’, yo trato de cantar lo mejor que puedo, y así nos vamos. Otras veces también nos dice: ‘No, pues ustedes ya se saben muchas canciones’. Yo me sé como seis o siete. Aprendemos alrededor de una por mes”.
PROGRAMA A FUTURO
Por el momento no se ha programado otro taller para la tercera generación, pero lo que sí está planeado es darle una mayor difusión a los jóvenes y conseguir varias presentaciones para que sigan cantando y preparándose. Gerardo Iván, destaca el apoyo que han recibido por parte del Instituto de Cultura del Estado de Durango (ICED), ya que la institución ha sido la encargada de otorgar los recursos necesarios para la realización de los talleres.
Twitter: @diananapoles
Texto publicado en la revista catorcenal Siglo Nuevo del periódico El Siglo de Torreón el 15 de febrero de 2014.
Enlace a publicación: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/962858.el-llanto-del-desierto.html