Jardín flotante
Relato
Por: Diana Leticia Nápoles
Hay un señor que vende plantas. En su triciclo lleva un montón de helechos, flores y árboles pequeños que avanzan por la calle como un jardín flotante.
Siempre que paso a su lado, distraída, me mira con sus ojos diminutos que se encogen cada vez que sonríe, porque él tiene incluidas en un solo gesto la sonrisa y el habla.
Algunos días extiende una o dos frases cuando me ve pasar, cuyo inicio casi nunca alcanzo a desenredar; entonces, no sé si se trata de una ocurrencia disparatada o de toda una enseñanza de vida que me ofrece su voz.
Hoy alcancé a escuchar de lejos que me decía: “No cualquiera se atreve, eh”, mientras los párpados le ahogaban los ojos; quedé desconcertada y no supe si sonreírle también o hacerme la sorda y seguir. Lo cierto es que quién sabe en qué momento me atreveré yo también. ¿A qué? Aún no sé bien, pero no cualquiera…
*Escrito en junio de 2013.